Nada es mejor que ser feliz al trabajar, disfrutar con tu tarea cotidiana, que tu trabajo te guste. Durante muchos años trabajé en algo que odiaba con todas mis fuerzas y reconozco que aquello fue un verdadero suplicio día tras día. No obstante, aquello me hizo más fuerte y ahora, en perspectiva, me ayuda a superar momentos difíciles en esto de la enseñanza.
Estas reflexiones vienen al hilo del artículo que he leído en la web en español de la BBC, son las Confesiones de un verdugo en China. Leyéndolas uno descubre que matar por encargo… del Estado es también un trabajo que trae satisfacciones y es motivo de orgullo para algunos.
¡Hala! a leerlas, y recordad a Blancanieves:

Un pequeño recordatorio: El asesinato como castigo

Esa es la pregunta. Ahora ¿quién? Todos tenemos nuestros ojos puestos en los países musulmanes, sobre todo en los del Norte de África, sin embargo, resulta curioso leer en el diario El País un artículo en el que China (sí, China) alerta sobre la inestabilidad que puede provocar lo acontecido en Egipto. ¿Y si el siguiente fuese China?

Voy a tener suerte

Esto no deja de ser más que un wihshful thinking (un pensamiento ilusorio), China no caerá como las demás fichas de este dominó. El aparato del Partido Comunista de China domina todos los resortes del poder y del control de la sociedad, especialmente el control de los medios de comunicación. Sirva como ejemplo el modo en Google claudicó a las presiones del gobierno chino para poder expandirse por el aquél país [si bien las últimas noticias , marzo de 2010, decía que Google no censuraría más su buscador en China].

Sin embargo, uno de los héroes locales de la revuelta anti- Mubarak fue un ejecutivo egipcio de Google, Wael Ghonin que se mantuvo firme en mantener activo Twitter a pesar de las presiones del gobierno egipcio para hacerse con su control. Curioso, un mismo buscador, actitudes diferentes.

Enlace al artículo completo (Temores de China)

¿Qué fue de este hombre?

¿Qué fue de este hombre?

¿Quién era? ¿Dónde está? ¿Qué pasó con él?

Veinte años después aun nadie puede contestar estas preguntas. Un hombre, dos bolsas de plástico y una peligrosa hilera de carros de combate. Ese hombre detuvo durante unos minutos a la poderosa máquinaria del Ejército Popular de Liberación y el mundo entero contuvo la respiración.

Desde el 15 de abril la Plaza de Tiananmen, el símbolo del  poder comunista en China, había sido tomada por manifestantes que provenían de diferentes grupos, desde intelectuales que creían que el gobierno del Partido Comunista era demasiado represivo y corrupto, a trabajadores de la ciudad que creían que las reformas económicas en China habían ido demasiado lejos y que la inflación y el desempleo estaban amenazando sus formas de vida.

El 20 de mayo, el Gobierno declaró la ley marcial y en la noche del 3 de junio, envió los tanques y la infantería del ejército a la plaza de Tian’anmen para disolver la protesta. Las estimaciones de las muertes civiles varían: 400-800 (CIA), 2600 (según fuentes no identificadas de la Cruz Roja China). El número de heridos se estima entre 7.000 y 10.000. Tras la violencia, el Gobierno emprendió un gran número de arrestos para suprimir a los instigadores del movimiento, expulsó a la prensa extranjera y controló estrictamente la cobertura de los acontecimientos en la prensa china. La cruel represión de la protesta de la plaza de Tian’anmen causó la condena internacional de la actuación del gobierno de la República Popular China

Tiananmen, 18 de mayo de 1989

Tiananmen, 18 de mayo de 1989

Una protesta pacífica acabó en un baño de sangre. Sin embargo, la mañana del 5 de junio, una figura delgada, vestida con una camisa blanca y pantalones negros, con una bolsa de la compra en cada mano, permanecía parado en el camino, esperaba mientras los tanques se acercaban. El carro de combate que abría la fila de dieciocho se quedó parado. El solitario permanecía firme. ¿Lo aplastaría el tanque? El blindado se movió a la derecha para rodearlo. El hombre agitó el bolso de compras en su mano derecha, después se movió algunos pasos a la izquierda para bloquear el tanque otra vez. El tanque retrocedió y fue  hacia la izquierda para evitarlo. El hombre agitó el bolso otra vez y caminó a la derecha. Ambos pararon. El comandante del tanque incluso apagó su motor. Después el hombre cambió sus bolsos de mano y saltó a la máquina; golpeó con su puño el monstruo de metal y parecía hablar con la tripulación del carro. Después de unos minutos él descendió de nuevo y retomó su posición de bloqueo. El conductor del tanque incluso abrió la portilla, quizás para hablar. Entonces un hombre en una bicicleta se lanzó hacia fuera desde la acera; otros dos llegaron a pie, agitando las manos en el aire, urgiendo al desconocido para que se fuese de allí. Jamás nadie lo ha vuelto a ver.
Con las reformas democráticas que pedían los manifestantes ha ocurrido algo igual: jamás nadie en China las ha visto. El título de la mayor democracia del mundo lo sigue conservando la India.

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