Cartel de STEAMBOY, 2004

Es más que probable que a muchos le parezca que estoy un poco pasado de vueltas y que ¿cómo se me puede ocurrir elegir esta película para ilustrar un tema tan importante del temario de 1º de bachillerato o del de 4º de ESO?

A lo primero [me] contestaré que sí, efectivamente, estoy bastante pasado de vueltas y a lo segundo… bueno, esto es más difícil de responder: a veces hay que elegir las películas para la clase no tanto por el mensaje o la fidelidad histórica del tema que abordan sino simple y llanamente por su estética o porque son esa ilustración que nos gustaría encontrar en el momento adecuado para convertir en imágenes esas ideas que nos rondan por la cabeza mientras explicamos.

Una trepidante persecución a vapor

Estéticamente la película es perfecta, no en vano fueron diez los años que emplearon en realizarla. Su director, Katsuhiro Otomo, se comportó como un verdadero perfeccionista en su afán por conseguir la obra que estaba en su cabeza. En ese sentido es absolutamente irreprochable.

El protagonista alardeando de válvula de cobre

Es una película falta de mensaje, algo hueca en este sentido y que se toma licencias históricas bastante importantes, pero logra crear un entorno de ciencia ficción en la Inglaterra que está sumida en plena industrialización: vapor, trenes, máquinas, ingeniería y arquitectura del metal están presente a lo largo de todo el metraje del film: justo ese mundo fascinante que queremos que vean con sus ojos los alumnos que comienzan a estudiar ese período.

Hay alusiones en los diálogos y en las imágenes a esos momentos en que Gran Bretaña fue la fábrica del mundo: el hecho de que la película se desarrolle durante la Exposición Universal de 1866 en Londres y que veamos edificios como el Crystal Palace sirven para llamar la atención a los alumnos sobre estos aspectos tan importantes en dicho período (las exposiciones universales como escaparates del poderío de una nación, y el palacio como ejemplo de la nueva arquitectura del metal y del vidrio). Pero también es ahí donde están los errores históricos: realmente la exposición que señaló a Gran bretaña como fábrica del mundo fue la de 1851, precisamente  el año en el que se inauguró el Crystal Palace. Otra licencia histórica es que uno de los personajes es Robert Stephenson, vivo para la película aun en 1866, cuando en realidad murió en 1859.

 

Una "endiablada" máquina a vapor

No obstante, creo que retrata con maestría ese mundo fascinado por los avances científicos y tecnológicos, el temor que inspiran los mismos y cómo  se va hacia una nueva era de infinitas posibilidades.

Creo que es una buena idea emplearla en clase (yo lo haré la próxima semana) a pesar de las licencias históricas o de ser, en buena medida, una película de ciencia ficción de estética Steampunk.