Historia de España


Erica Andevalensis

Se trata de un brezo endémico y en peligro de extinción que crece en un hábitat hostil para la gran mayoría de las especies vegetales: la cuenca minera en torno al Río Tinto, Huelva.

Lo he elegido como un símbolo; el símbolo de un territorio hostil. hostil por su propia naturaleza, hostil por las brutales transformaciones provocadas por el hombre…. Y, sin embargo, donde casi ninguna planta puede crecer, brota la erica andevalensis, con su bella flor malva, aportando un tono diferente en una tierra predominantemente roja.

La "brutal" humanización de un paisaje

Ya es conocida mi proverbial habilidad para montar actividades extra escolares y que éstas coincidan con días especialmente lluviosos; aunque, teniendo en cuenta el invierno que estamos teniendo este año en esta parte de Andalucía, resultaba prácticamente imposible elegir un día en el que no nos lloviese.

Sin miedo a que, como diría Astérix, se nos cayese el cielo sobre nuestras cabezas, nos fuimos el pasado día 5 de marzo a visitar el Parque minero de Río Tinto. Formábamos un grupo bastante heterogéneo, además de un servidor y de D. Alfonso Galera, profesor de Biología en el IES Cornelio Balbo, en el grupo se mezclaban alumnos de 1º y 2º curso de bachillerato y algunos alumnos de 4º de ESO; unos con unos intereses centrados en lo puramente científico, otros, como yo mismo y los alumnos de 1º de bachillerato con un interés centrado en los aspectos históricos de la minería.

Sinceramente, lo que más me atraía de la visita era la perspectiva de poder ver el Río Tinto, el río sin vida (salvo los extremófilos, que diría Juan Pérez Mercader). Un espacio natural del que había oído hablar tanto: de su hostilidad para la vida, de sus condiciones naturales que lo convertían en un lugar ideal para el estudio (por comparación) de las posibilidades de vida en Marte… lo cierto es que tenía enormes ganas de conocerlo.

El río Tinto

Fue una mañana agradable en la que en primer lugar acudimos a la Mina de Peña de Hierro, al final de un túnel, al que se llegaba tras atravesar unas instalaciones mineras abandonadas, a las que el óxido de hierro daban un aspecto de buque abandonado y oxidado.

La mina de Peña de Hierro

El siguiente paso fue dar una vuelta en el tren  minero atravesando espacios ahora arbolados gracias a la repoblación efectuada por la propia Rio Tinto Mining Company, pero discurriendo también por espacios completamente transformados y alterados por una actividad minera de varios milenios de antigüedad.

El tren minero. Vistas a lo largo de su recorrido

Nuestra estancia concluiría, después del almuerzo, con la visita al Museo Minero, donde pudimos ver la recreación de una mina romana y las inhumanas condiciones de vida y trabajo en ella. Como en las minas de Bolivia hoy día, el trabajo infantil era omnipresente en las minas romanas de Río Tinto.

Reproducción de una mina romana en el Museo Minero

No creo que la visita defraudase a nadie de los que acudimos, al menos esa es la conclusión que extraje de las conversaciones que mantuve con algunos de los chicos y chicas que acudieron a la excursión. Espero poder repetir en el futuro otras experiencias como esta. Especialmente cuando la primavera esté más avanzada y la erica andevalensis haya florecido en toda su plenitud.

Soldados de la Nueve montados en el semioruga "Guadalajara"

Esta pasada semana he leído una noticia acerca de un homenaje del Ayuntamiento de París  a tres supervivientes de la Nueve. Para muchos este nombre puede no significar nada, sin embargo la nueve significa, en bastante medida la dignidad de muchísimos españoles que se opusieron al fascismo, no ya luchando contra Franco y los que le siguieron durante la Guerra (In)Civil española, sino durante la II Guerra Mundial combatiendo a la Wehrmacht y las SS en territorio francés, desde las playas de Normandía a París.

Durante décadas estos hombres han sido unos verdaderos olvidados de la Historia, tanto para Francia como para su patria de origen, España. La Nueve era una de las compañías que formaba parte de la 2ème División Blindée, también conocida como la División Lecrerc, por ser este general francés quien la comandó.

La compañía había sido constituida mayoritariamente por republicanos españoles exiliados, que se hallaban internados en campos de concentración en territorio argelino. Es decir, en territorio francés no ocupado por los alemanes.

Exiliados en el Campo de Argelés sur Mer

Su capitán, Raymond Dronne, pensaba que Leclerc, que conocía bien a sus leales, le había  encargado la formación de esta compañía por dos razones: una, porque los españoles, muy motivados políticamente, sólo aceptarían como mando a un “francés libre” de primera hora, no a algún seguidor de Petain que hubiese “cambiado de chaqueta” recientemente. La otra, porque sabía que Dronne hablaba algo de español, al haber estudiado unas semanas en España algunos años atrás. Así que asumió el mando de la compañía y se dispuso a convertirla en la unidad más famosa de todo el Regimiento.

El capitán Dronne (centro) y el teniente Granell

La compañía entró en acción por primera vez en diciembre de 1942, combatiendo a alemanes e italianos en el Norte de Áfica, acciones en las que continuaría hasta mayo de 1943 en que liberaron la ciudad tunecina de Bizerta, última de sus acciones en África.

Después de ser trasladada de Marruecos a Gran Bretaña, desembarcó en Normandía la noche del 31 de julio al 1 de agosto de 1944. Se encuadraría dentro del III Ejército de los EE.UU., comandado por Patton. El 12 de agosto capturaron a 130 soldados alemanes en Eccouché.

Amado Granell, teniente de la Nueve, en Eccouché

A las 21:22 horas de la noche del 24 de agosto de 1944, la Nueve irrumpió en el centro de París por la Porte d’Italie. Al entrar en la plaza del Ayuntamiento, el tanque español “Ebro” efectuó los primeros disparos contra una posición alemana. Después los civiles salieron a la calle cantando La Marsellesa quienes descubría sorprendidos que los primeros soldados liberadores eran todos españoles. Raymond Dronne, se dirigió hacia la comandancia del general alemán von Choltitz para exigir su rendición.

Mientras se esperaba la capitulación final, los españoles tomaron al asalto la Cámara de los Diputados, el Hôtel Majestic y la Plaza de la Concordia. A las 3:30 horas de la tarde del 25 de agosto, la guarnición alemana de París se rindió y fueron los soldados españoles quienes apresaron a von Choltilz. Por cierto, que durante el desfile triunfal por París del día 26 de agosto, los soldados de la Nueve desfilaron portando en sus estandartes los colores de la bandera de la República Española.

Tras la liberación de parís, la Nueve se incorporó al avance aliado hacia Alemania. Por el camino hicieron muchos prisioneros alemanes, pero también sufrirían bastantes bajas, especialmente cuando el invierno les sorprendió en el sur de Alemania, donde se enfrentaron a temperaturas de -22º C, y donde sufrirían unas 50 bajas por congelación. El 5 de mayo de 1945 participarían en la toma del Nido del Águila de Hitler, en Berchtesgaden.

Al concluir la contienda sólo permanecían en activo 16 españoles en la Nueve… Pero aun habrían de sufrir una amarga derrota: no podían volver a España, donde se enfrentaban a la clarísima posibilidad de ser represaliados y, para mayor desgracia, su papel en la liberación de París sería ignorado por la historiografía francesa. Sólo muy recientemente ha empezado a ser reconocida su labor y entrega, tanto por España como por Francia. Una prueba es este homenaje del ayuntamiento de París, cuya teniente de alcalde Anne Hidalgo, todo hay que decirlo, nació en San Fernando, Cádiz, en 1959.

Lápida en memoria de los españoles de la Nueve

Por favor, no nos olvidemos jamás de aquellos que nos honran y dignifican a las sociedades con su sacrificio y entrega.

Noticia completa sobre el homenaje

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