Guerra Fría


El nazismo, ese veneno que emponzoña la memoria de buena parte de Europa es una pesadilla recurrente, siempre reaparece y genralmente no trae nada positivo con esas reapariciones. En escasas, cada vez más escasas, ocasiones surge la buena noticia de la captura y juicio de algún genocida nazi; sin embargo, son mucho más frecuentes esas noticias que nos devuelven a los horrores de la II Guerra Mundial y, sobre todo, a los terribles errores que siguieron a este conflicto.

La RFA no sale de su asombro al comprobar cómo agentes del Servicio Secreto no vigilaron como debieran a una banda de neonazis que cometió asesinatos durante años; en medio del fragor de una noticia tan mala surge ahora una nueva verdad incómoda:

El espionaje alemán destruyó en 2007 centenares de actas sobre el pasado nazi de sus agentes

Un burdo montaje que da repelús

Así titulaba, este martes, el diario El Mundo una de esas noticias que nos recuerdan que todos tenemos un pasado y que, de vez en cuando, viene a visitarnos para recordarnos quiénes somos, de dónde venimos y qué hicimos en el pasado. Nada extraño por otra parte, si no perdemos de vista que al frente del BND, servicio de espionaje de la RFA, estaba desde sus inicios Reinhard Gehlen, coronel de Estado Mayor de la Wehrmacht en el frente oriental (URSS) durante la II Guerra Mundial.

Más tarde o más temprano salen los fantasmas del armario; más tarde o más temprano viene a visitarnos la Historia. 

Para saber más:

Fantasmas del pasado

Más fantasmas del pasado

Todos tenemos un pasado, todos tenemos fotos que preferimos no volver a ver, generalmente son recuerdos que nos mueven a la risa, por lo ridículo de nuestro aspecto, nuestra conducta o, quizás, porque estamos en las fotos con personas con las que no queremos volver a relacionarnos, por el motivo que sea.

Ana Frank en distintas fases de su vida

Lo que ya no resulta tan normal es que tengamos a nuestras espaldas un pasado en el que figuren crímenes contra la humanidad. Ya escribí con anterioridad en este blog acerca de los fantasmas que guarda en el armario la República Federal de Alemania, lógicos por otra parte. El cambio de actitudes con el sobrevenimiento de la Guerra Fría hizo que los aliados, especialmente los EE.UU. recurriesen al reclutamiento de los antiguos enemigos, es decir, militares , SS y agentes de la Gestapo para combatir a un enemigo que éstos conocía muy bien: los soviéticos.

No resulta, pues, sorprendente encontrarnos con noticias como la que incluyo más abajo: El policía nazi que arrestó a Ana Frank fue luego espía para la RFA. Y es que todos tenemos un pasado

“¿Criminal y decente?” Artículo completo en el diario El País

Instituto Tuskegee, Alabama, 1916

Son muchas las veces que en clase, en los momentos más distendidos, algún alumno me pregunta por mi período histórico favorito. Mi respuesta es infaliblemente la misma: la posguerra; los años que siguen más de cerca al final de la II Guerra Mundial, la infancia de la Guerra Fría.

En esos años se construyeron los dos grandes bloques socio económicos e ideológicos en que se dividió el planeta; los dos bloques comenzaron entonces su particular manera de hacerse la guerra a través de conflictos muy localizados. Los dos empezaron, asimismo, a hacerse trapacerías, a apuñalarse por la espalada. Para eso surgieron los grandes monstruos del espionaje: la CIA y el KGB.

Y en el río revuelto que fue esa época comenzaron a desbordarse los límites de lo moral, de lo ético. Los dos bandos realizaron verdaderas barbaridades. Un ejemplo de esa desmesura lo encontramos en los diarios de este fin de semana: los EE.UU. piden disculpas a Guatemala por haber infectado de sífilis y gonorrea a cientos de sus ciuadanos entre 1946 y 1948.

Al parecer un estudio efectuado por Susan Reverby sobre los experimentos de Tuskegee, condujo a esta investigadora a semejante hallazgo. La idea de emplear “seres inferiores” para experimentos no es exclusiva de los nazis, los estadounidenses ya defendían prácticas eugenésicas y de muerte por compasión años antes de que los nazis pusiesen en marcha la Solución Final; por eso no es extraño que seleccionasen a los habitantes negros de sus Estados del sur o los habitantes de otras naciones para poner en marcha experimentos médicos en seres humanos, al más puro estilo de los campos de exterminio nazis.

Enlace al artículo completo en El País

Entrevista con Susan Reverby

El oso Misha luchando contra el "Imperio del Mal"

Todas las mañanas echo de menos los años de la Guerra Fría, todas las mañanas echo de menos a ese país al que Ronald Reagan denominaba el Imperio del Mal; cuando miraba al otro lado de la Bahía de Cádiz y veía la base de Rota, sólo podía ver un posible objetivo de los misiles intercontinentales soviéticos, y, sin embargo, vivíamos tranquilos, sólo había una amenaza, identificada y personificada en el bloque soviético. Hoy día la amenaza viene de muchas partes y tiene múltiples rostros. Aunque parezca una paradoja, el mundo actual es mucho más inseguro que aquel que vivía bajo la amenaza de la guerra nuclear.

Inseguro y aburrido, como decía alguien que escuché alguna vez en alguna parte: “Contra Franco se vivía mejor”, igualmente podíamos decir que contra los soviéticos se vivía mejor, al menos se hacía mejor música. Eso lo digo porque durante todo este fin de semana no he logrado sacarme de la cabeza una vieja canción de los Beatles: Back in the USSR. No es un tema propagandístico, ni a favor ni en contra de la URSS (bueno, y si lo era ¿qué más da?), pero al menos era divertido y, aunque careciese de elementos políticos que moviesen a desertar  a los ciudadanos del otro lado del Telón de Acero, seguro que los hacía bailar tanto que gustosamente hubiesen abandonado ese Imperio del Mal.

Cubierta del single Back in the USSR

Como en otras ocasiones os incluyo a quí la letra de la canción y un vídeo, en este caso los interpretes no son The Beatles, sino uno de ellos Paul McCartney en un concierto en el mejor de los emplazamientos posibles para interpretar esta canción: la Plaza Roja de Moscú.

A disfrutarlo… Con nostalgia

Back in the USSR

Flew in from Miami Beach BOAC
Didn’t get to bed last night
Oh, the way the paper bag was on my knee
Man, I had a dreadful flight
I’m back in the USSR
You don’t know how lucky you are, boy
Back in the USSR, yeah

Been away so long I hardly knew the place
Gee, it’s good to be back home
Leave it till tomorrow to unpack my case
Honey disconnect the phone
I’m back in the USSR
You don’t know how lucky you are, boy
Back in the US
Back in the US
Back in the USSR

Well the Ukraine girls really knock me out
They leave the west behind
And Moscow girls make me sing and shout
They Georgia’s always on my my my my my my my my my mind
Oh, come on
Hu Hey Hu, hey, ah, yeah
yeah, yeah, yeah
I’m back in the USSR
You don’t know how lucky you are, boys
Back in the USSR

Well the Ukraine girls really knock me out
They leave the west behind
And Moscow girls make me sing and shout
They Georgia’s always on my my my my my my my my my mind

Oh, show me round your snow peaked
mountain way down south
Take me to you daddy’s farm
Let me hear you balalaika’s ringing out
Come and keep your comrade warm
I’m back in the USSR
Hey, You don’t know how lucky you are, boy
Back in the USSR
Oh, let me tell you honey

Maniquíes ataviados como soldados en un ensayo nuclear francés en Argelia

El título de este post es una especia de homenaje a la película de Stanley Kubrick ¿Teléfono rojo?, cuyo subtítulo en inglés es “Cómo aprendí a amar la bomba [nuclear]“. Sin embargo, no creo que sea amor lo que le podemos prefoesar a una bomba nuclear, mucho menos todos aquellos que de un modo u otro se han visto afectados o condicionadas sus vidas por las mismas.

Esta reflexión viene a cuento de las noticias surgidas estos días en torno a las pruebas nucleares francesas en el sur de Argelia y las consecuencias de estos ensayos años después.

Según estas noticias Francia usó a soldados como cobayas en diferentes ensayos nucleares, una práctica en la que no difería de lo hecho por otras potencias nucleares como los EE.UU., China o la URSS, un documento visual de esto que indico lo muestra el vídeo incluido en este post. En el mismo puede verse a tropas chinas avanzando hacia el escenario de una explosión nuclear ataviados con sus uniformes normales y con la única protección de una máscara antigas.

Ensayo nuclear de los EE.UU. en el atolón de Bikini, julio de 1946

El vídeo está extraído de un magnífica película documental que recomiendo a todo el mundo: Trinity: La película de la bomba atómica. En este documental asistimos a una carrera desbocada de explosiones nucleares, de ensayos, de demencia armamentística en general, propia del período de la Guerra Fría y hoy día añorado por algunos estados aspirantes a potencia nuclear como Irán, Corea del Norte

Enlace para ver Trinity online

Cartel de Patria con su título original Fatherland

Estos días estamos viendo en clase una película diferente como apoyo de los temas dedicados a la Guerra Fría y la Segunda Guerra Mundial, se trata de Patria, un film de 1994, protagonizado por Rutger Hauer (el replicante de Blade Runner que había visto “[...] atacar naves en llamas más allá de Orión, he visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tanhauser…“).

Patria está basada en la novela de igual nombre escrita por Robert Harris, se trata de una historia que se desarrolla en los años sesenta del siglo XX, sólo que se trata de una historia alternativa a la que conocemos. Asistimos en la película al 75 cumpleaños de Adolf Hitler en Berlín, a punto de celebrar una cumbre bilateral con el presidente de los EE.UU. Joseph Kennedy, el padre del que realmente fuese presidente John F. Kennedy. En torno a ese momento, un oficial de las SS, ahora convertida en la fuerza policial del Reich, investiga el misterioso asesinato de un importante jerarca nazi.

Esta novela es uno de esos ejercicios de historia contrafactual de los que tanto me habréis oído hablar en clase y que ya pudieron comprobar los compañeros del curso pasado a través de otra película: V de Vendetta.

¡Schlemmer!

Y la que veréis todos en clase a la vuelta de vacaciones: Uno, dos, tres; de Billy Wilder. Como siempre con muchísimo cinismo, Wilder se burla de todos, e incluso de sí mismo: de Alemania, de los EE.UU., de los soviéticos, del nazismo, el comunismo, el capitalismo… nadie queda impune en esta película que se rodó en Berlín, prácticamente, en las mismas fechas (verano de 1961) en las que se estaba levantando el muro. Atentos todos que habrá que hacer algunas actividades después de verla. Ahí van algunos vídeos para ir abriendo boca (la versión que se verá en clase está doblada al castellano).

Pepe Isbert (centro) y Manolo Morán (dcha.) en "Bienvenido Mr. Marshall"

En una ocasión anterior ya dediqué varias entradas a exponer en este blog  carteles de la I Guerra Mundial y el Sufragismo y de la II Guerra Mundial. Ahora quiero dedicar un espacio a exponer aquí algunos ejemplos de la propaganda realizada durante la Guerra Fía. Para ello nada mejor ue emcaezar este pos con un fotograma de la película de Luis García Berlanga, “Bienvenido Mister Marshall”. En este caso se mezclarán aquí carteles, postales y portadas de libros  de diferente procedencia e ideología.

No tiene que ver con la Guerra Fría pero refleja el contenido de lo que se expone este post

Exceptuando el precedente que sentó Hitler, al tratar de convertir los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936, en un escaparate de la “superioridad de la raza aria” (puesta en ridículo por Jesse Owens);  los Juegos Olímpicos fueron uno de los escenarios “privilegiados” de la Guerra Fría. No fueron, sin embargo, los dos principales actores de este enfrentamiento quienes iniciaron el proceso de convertir a los Juegos Olímpicos en el escenario de sus rivalidades ideológicas y geopolíticas; fue el eterno conflicto entre Palestina e Israel quien iniciaría esta carrera, este enfrentamiento tendría un momento de “estrellato” en unos juegos olímpicos.

  • Munich 1972, por primera vez, con televisiones de todo el mundo en directo, un conflicto armado dejaría en segundo plano las competiciones deportivas. Para reconstruir aquellos momentos hoy día contamos con la inestimable ayuda del cine, una de los últimas películas de Steven Spielberg es, precisamente, Munich, que arranca de aquel atentado cometido por Septiembre Negro para ofrecernos su visión del enfrentamiento árabe-israelí a lo largo de la década de los setenta.

Atletas israelíes asesinados en Munich '72

Así quedaron los helicópteros en los que pretendían huir los miembros de Septiembre Negro

En Munich 72 tendría lugar un hecho que sería una especie de premonición de lo que vendría después. Me refiero a la final olímpica de baloncesto en aquellos juegos:

Por primera vez, desde que el baloncesto era deporte olímpico, parecía que la URSS  acabaría con la imbatibilidad norteamericana, de hecho estuvieron por delante en el marcador todo el partido, hasta que sólo 3 segundos para concluir el encuentro, momento en que los norteamericanos se pusieron por delante a sólo un punto. Los soviéticos pidieron tiempo muerto ; una vez finalizado el tiempo muerto, la URSS sacó en corto y un tiro lejanisimo voló hasta chocar con el aro. Los jugadores americanos celebraban la victoria, una victoria épica, solo habían estado una vez por delante en el marcador, y esa vez coincidió con el final del partido. USA seguía invicta en los Juegos Olímpicos y revalidaba su medalla de oro. Sin embargo, había habido invasión de campo por parte del banquillo norteamericano mientras el balón ruso volaba hacia la canasta y el equipo ruso lo protestó, el secretario general de la FIBA bajó desde el palco y con el consentimiento de los arbitros ordenó poner el reloj otra vez en tres segundos con saque de fondo del equipo ruso. El partido no había terminado, la URSS tenía una último aunque remota posibilidad, sacaron en largo hacia la posición de Belov, bajo la canasta norteamericana, saltó, cogió el balón se deshizo de los dos contrarios y consiguió la canasta que daba la victoria a la URSS. Estados Unidos había perdido un partido por primera vez en los Juegos Olímpicos.

Esa misma noche se reunió un comité especial formado por cinco representantes de la FIBA para decidir la validez o no del resultado final (51-50). La votación, 3-2, fue favorable a la URSS. Los tres votos favorables a Rusia fueron concedidos por Polonia, Hungría y Cuba. Los dos en contra por Italia y Puerto Rico. Los jugadores del equipo norteamericano se reunieron al conocer el resultado de la votación y decidieron no aceptar las medallas de plata. Todavía hoy el COI les manda cada año una carta pidiéndoles que rellenen un formulario para recibirlas sin que hasta ahora nadie las haya aceptado.

Los juegos boicoteados: 1976, 1980 y 1984

  • Montreal 1976, En estos juegos se asistió por vez primera a una maniobra política que las dos superpotencias pondría en práctica en 1980 y 1984. En esta ocasión no fueron estrictamente los dos actores de esta guerra quienes ejercieron el boicot, éste tuvo su razón de ser en un asunto no menos triste. Algunas delegaciones africanas solicitaron la exclusión de Nueva Zelanda porque su selección nacional de rugby había jugado contra la de Sudáfrica, país excluido del Comité Olímpico Internacional (COI) por su política racista, el apartheid. El COI no aceptó las presiones y rechazó esta petición , de manera que 24 países africanos se retiraron de las competiciones.

Carteles de Montreal 1976

  • Moscú 1980, tras la invasión soviética de Afganistán en 1979, el presidente Carter propuso en el Comité Olímpico de Estados Unidos el boicot a los Juegos que se iban a celebrar al año siguiente en Moscú. Dicho boicot fue aprobado por 1604 votos a favor, 797 en contra y dos abstenciones. Muchos fueron los países que decidieron seguir a EE.UU; finalmente algunos países como Gran Bretaña o Australia optaron por una solución pintoresca, en la que daban libertad a sus atletas para decidir por sí mismos la asistencia a Moscú. España fue una de las naciones que sí participó en esos juegos. Sin embargo, en el caso de Estados Unidos, el presidente amenazó con anular el pasaporte de cualquier atleta que decidiera asistir a los Juegos Olímpicos. Y finalmente fueron 65 países los que no acudieron, y en total la asistencia fue de 5179 atletas representando tan sólo a las ochenta naciones que participaron en los juegos, el número más bajo desde 1956. Curiosamente, en estos primeros y últimos Juegos celebrados en un país comunista.

Ceremonia inaugural de los JJ.OO. Moscú '80

  • Los Ángeles 1984, tras el boicot norteamericano a los Juegos de Moscú, a nadie le extrañó que Moscú pidiera que no se acudiese a losJuegos de Los Ángeles en 1984. Sólo 14 países siguieron el boicot, la URSS y sus más estrechos aliados, sin embargo, estas naciones que no acudieron a los Juegos habían conseguido el 58% de las medallas en los Juegos de 1976. Todo un ejemplo del papel que se había dado en los países comunistas al deporte de alta competición. La Unión Soviética, promotora del boicot, argumentó que no existían garantías suficientes para sus atletas y uso inadecuado del evento para hacer propaganda contraria a los soviéticos y sus aliados. El único país del bloque que no cumplió con el boicot fue Rumanía. La URSS anunció su decisión de no concurrir el 8 de mayo, poco más de dos meses antes del comienzo de los Juegos.

Una de las imágenes más impactantes de Los Ángeles '84, la llegada de Andersen-Scheiss a la meta de la maratón femenina

En el año 776 a.C. los griegos celebraron unos juegos deportivos en honor de Zeus en el santuario dedicado a su dios supremo en el monte Olimpo. Desde ese momento, entre julio y agosto, cada cuatro años se celebraban estos “juegos olímpicos”, entre cada uno de ellos transcurrían lo que se llamaba olimpiada. En esos días de celebración, las diferentes ciudades-estado de la antigua Grecia mantenían una tregua en sus guerras. Es decir, los Juegos Olímpicos se desarrollaban con un cierto espíritu de paz y concordia. Desgraciadamente desde entonces las naciones han traicionado ese espíritu olímpico y, quizás, nunca tanto como durante la Guerra Fría.

Fischer, a la derecha, contra Spassky, en la final del Campeonato del Mundo de 1972

El ajedrez fue realmente la metáfora de la guerra fría, la importancia de este juego de reyes en la sociedad comunista soviética le agregó significado. Aun siendo una potencia, la tecnología rusa estaba pasos atrás, en términos militares y económicos, con respecto a las potencias occidentales; sin embargo, en el ajedrez los rusos eran incontestables.

El desarrollo de algunos torneos de este juego se transformó en una de las válvulas de seguridad que controlaban la presión de la guerra fría, realmente, en algunos casos fue realmente un campo de batalla en el que se desarrolló alguna confrontación de la guerra fría. ¿Cómo se llegó a convertir símbolo de este período?

“En estos momentos de confrontaciones mundiales que se deben a sistemas ideológicos muy diferentes, el ajedrez puede y es capaz de aglutinar a gentes de países con sistemas políticos diferentes”

Esta frase, pronunciada por Ernesto “Che” Guevara, revolucionario y gran amante de este juego, nunca tuvo más significado como el 11 de julio de 1972,  en la fría y lejana Reykjavik, en Islandia.

Robert James Fischer, de Estados Unidos, frente al campeón mundial, Boris Spassky, de la URSS, disputaban mucho más que un título de ajedrez. La Guerra Fría se materializaba en piezas blancas y negras.

Dos meses después, Bobby Fischer se convertía en el primer estadounidense en alcanzar el título de campeón mundial de ajedrez y con su triunfo rompía una hegemonía de 35 años. Acabada la Segunda Guerra Mundial la URSS era la superpotencia mundial en el ajedrez. Estados Unidos, había sido el país más fuerte en dicho juego en los años 30 del siglo XX, en parte debido a la inmigración judía desde Europa, por ello acusó grandemente la derrota que sufrió a manos de los soviéticos en el primer torneo internacional de importancia, efectuado en septiembre de 1945.

Imagen del Hotel Hudson, NY, en 1945, una de las sedes del torneo USA-URSS

Se trató de un torneo transmitido por radio, con dos sedes, en los EE.UU. en el Hotel Hudson de Nueva York, y en la URSS, en el Club Central de Ajedrez de Moscú. Aquel torneo acabó con un marcador de 15,5 a favor de los soviéticos por sólo 4,5 por parte de los norteamericanos. Desde ese momento la única competencia seria que tendría la superpotencia ajedrecista sería la de sus propios estados satélites.

La verdadera base de la escuela soviética era su colosal infraestructura, que logró incorporar a millones de jugadores. A medida que la enorme campaña soviética de entrenamiento dio frutos y literalmente cientos de jugadores alcanzaron un nivel de “maestro” o “gran maestro” entre los años 40 y 60, se creó un formidable sistema de recompensas y sanciones, plagado de luchas internas y denuncias.

Fidel Castro entrega un premio al capitán del equipo soviético de ajedrez

Sin embargo, así como el ajedrez reflejó la guerra fría, también marcó la caída del comunismo. En 1972, el genio norteamericano Bobby Fischer se convirtió en el primer occidental en desafiar a un campeón mundial soviético, Boris Spassky. La partida se celebró en Reykiavik (Islandia). Los pormenores de aquella extraordinaria partida han sido narrados una y otra vez: se sabe que las exigencias de Fischer amenazaban con abortar el evento antes de que empezara; que Henry Kissinger llamó a Fischer por teléfono para persuadirlo a jugar; que el capitalista británico Jim Slater dobló el premio monetario.

Finalmente apareció Fischer y, tras algunos titubeos, acabó venciendo a la maquinaria soviética. La guerra fría empezaba a vivir su época crepuscular, y el último gran torneo de este período no se iba a disputar entre los dos bloques, sino, curiosamente entre dos ajedrecistas soviéticos: Anatoly Karpov y Garri Kasparov. Una lucha que duraría 144 partidas y diez años, de 1985 a 1995. Karpov repesentaba al decadente poder soviético, comunista, que estaba a punto de desaparecer, Kasparov, por contra, se identificaba con la perestroika y los nuevos aires que parecía traer consigo Mihail Gorbachov.

La España franquista no fue ajena a ese tablero mundial de guerra fría, también tuvo a su héroe ajedrecista Arturo Pomar y el régimen también lo usó como elemento de propaganda, aunque eso sí, a un nivel mucho menor.

Ahora, veinte años después de la caída del muro de Berlín, del símbolo de la guerra fría ¿qué ha sido de todos estos “guerreros”?:

  • Bobby Fischer desapareció, durante años nadie supo nada de él… Hasta que reapareció en 1992 para jugar un torneo contra Spassky ,en Yugoslavia, cuando esta nación estaba sometida a un embargo por parte de Naciones Unidas, lo cual convirtió su participación en dicho torneo en un delito. Murió en Islandia en 2008.
  • Boris Sapssky, se nacionalizó francés en 1976, participó en el torneo de 1992 contra Fischer y sufrió un derrame cerebral en 2006. Participó nuevamente en una exhibición en 2007.
  • Anatoly Karpov, se mantuvo en los puestos más elevados del ranking mundial hasta 1998, desde entonces ha ido desapareciendo de esos primeros puestos. Ha sido Diputado en el parlamento ruso y presidió la Comisión para los damnificados de Chernobyl.
  • Garri Kasparov, perdió su título mundial en 2000 frente a Kramnik, anunció su retirada del ajedrez en 2005. Desde entonces está metido en política y se ha alzado como una voz verdaderamente crítica contra Vladimir Putin.
  • Arturo Pomar, abandonado por el régimen franquista cunado más ayuda necesitaba, tuvo que aprobar unas oposiciones a Correos para poder ganarse la vida.

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