Genocidios y masacres


Cartel de Shoah, 1985

En 1988 Claude Lanzmann presentó en España su último film, era un documental de nueve horas y media de duración. Dicho así suena un poco salvaje, da miedo enfrentarse a una película de semejante tamaño (más o menos como la versión del director de las tres partes de El señor de los anillos, de Peter Jackson). Aquel documental era Shoah, ya se había estrenado en cines de toda Europa tres años antes.

Pocas personas en nuestro país han visto completo este documental. Pocas veces ha sido emitido en alguna televisión española, siempre a altas horas de la madrugada, siempre a traición. Hoy lo he recordado al leer una entrevista a su autor en el diario El País. En ella habla sobre la forma en que el cine ha reflejado el exterminio de los judíos europeos, usando para ello los ejemplos de La lista de Schindler, de Steven Spielberg, La vida es bella, de Roberto Benigni y El tren de la vida, de Radu Mihaileanu.

Creo que se trata de un documento interesante, por ello os dejo aquí el enlace a la entrevista completa y algunos vídeos. Los dos primeros recogen momentos de una de las entrevistas que aparecen en el documental de Lanzmann, se trata de Abraham Bomba, un peluquero de Holon, Israel, que cuenta su experiencia en Treblinka.

Entrevista a Claude Lanzmann

Este otro vídeo recoge uno de los momentos más emotivos e inquietantes de la película de Spielberg La Lista de Schindler

El último vídeo es una serie de imágenes de la película de Roberto Benigni La vida es bella, con el fondo musical  de una adaptación cantada por Noa y Miguel Bosé de la banda sonora de este film.

Cuando iniciaba esta serie sobre la victoria aliada en la II Guerra Mundial decía que, para mí, Hitler y sus secuaces representaban el mal absoluto, pero Stalin estaba a su altura, superándolos en ocasiones. Sin embargo, hoy día hay una diferencia bien clara (aun cuando los dos fueron tiranos criminales):

Según las estimaciones de sociólogos, un 42% de los rusos cree que el país necesita “una mano fuerte”. El 36% dice que la contribución de Stalin a la victoria en la guerra contra Hitler “es lo más importante, independientemente de los errores o vicios que se le achaquen”. Uno de cada cinco rusos piensa que “un dirigente duro es el único que podría mantener el orden frente a las amenazas externas y en las condiciones de fuerte lucha clasista”, y que Stalin “fue un líder sabio que hizo de la URSS una potencia poderosa y próspera”. Por último, el 16% opina que los rusos “jamás podrán prescindir de un líder como Stalin”. “Temprano o tarde, vendrá para poner orden”. (Fuente: Agencia Novosti)

Pocos, muy pocos alemanes de hoy día defenderían la imagen de Hitler o reclamarían su vuelta. Algún día trataremos de explicar esta creciente valoración positiva de Stalin en la Rusia actual.

Stalin se alió a Churchill y Roosevelt en la guerra contra el Eje a partir de 1941 ¿Dónde había estado los dos años anteriores? Veamoslo

En 1939, von Ribbentrop, ministro de Asuntos Exteriores del Reich alemán, y Molotov, su homólogo soviético, firmaron en Moscú un pacto de no agresión, Stalin era testigo de esta firma. Este pacto no se quedaba en una simple declaración de principios según la cual ninguna de estas potencias emprendería una guerra contra la otra en 10 años; además, incluía entre sus claúsulas el reparto de Polonia entre ambos firmantes, así como los derechos de la URSS a ocupar Finlandia, Letonia, Lituania, Estonia y la Besarabia.

De resultas de ese pacto, cuando los alemanes invadieron Polonia en septiembre de 1939, los soviéticos avanzaron ocupando su parte del territorio polaco hasta establecer una frontera con la parte alemana en el río Bug. Mientras los alemanes se dedicaban a exterminar a los judíos polacos en su parte del territorio, los soviéticos se dedicarfon en su parte a la práctica de su “deporte favorito” las purgas. En la primavera de 1940 22.000 ciudadanos polacos, sobre todo oficiales del ejército, fueron ejecutados en el bosque de Katyn

Masacre en Katyn

Masacre en Katyn

En noviembre de 1939 los soviéticos se lanzaron sobre Finlandia, en lo que se conoce como guerra de invierno. La guerra Ruso-Finesa fue para los alemanes una muestra más de la debilidad militar de su socio en la que unas fuerzas inferiores y bien entrenadas finesas pudieron darle muchos sustos al gigante soviético, lo que reforzó las teorías alemanas de que Rusia seria una presa fácil para la bien entrenada Wehrmacht, por no decir que los servicios secretos alemanes y prácticamente todos los occidentales infravaloraban las fuerzas soviéticas y dedicaron mayor interés en mantenerse informados de otros ejércitos nacionales que el ruso. Cabria mencionar que los únicos que no menospreciaban al ejército sovietico eran los japoneses que se midieron con ellos en la batalla de Khalkhin Gol (Jaljin Gol), o para los japoneses el incidente de Nomonhan, donde las tropas japonesas sufrieron un buen rapapolvo por parte del general Zhukov.

Tropas alemanas en Rusia, 1941

Tropas alemanas en la URSS, 1941

No obstante, las descerebradas aventuras de Mussolini en Albania y Grecia retrasaron los planes alemanes para emprender la Operación Barbarroja , la invasión alemana de la URSS, a partir de la madrugada del 21 de junio de 1941. Los alemanes ocuparon todo el territorio de Polonia e invadieron el que había sido hasta ese momento su copartícipe en la invasión de polonia de 1939. Cuando las tropas alemanas alcanzaron Smolensko sacaron a la luz uno de los mayores crímenes de guerra de los soviéticos: las fosas de Katyn.

Hay que apuntar que, de no ser por el descubrimiento alemán, seguramente hoy todavía no tendríamos noticias de las masacres cometidas por los soviéticos contra los polacos (de hecho, las de Katyn no fueron las únicas fosas comunes descubiertas por los nazis; hubo más, entre las que destacan las de Vinnytsia, en Ucrania, donde había casi 10.000 personas ejecutadas por la NKVD entre 1937 y 1938). Los aliados occidentales nunca quisieron creer que ese crimen lo hubiesen cometido los soviéticos y alegaron que todo era una campaña de prolpaganda nazi. Los polacos conocían bien los detalles que habían precedido a aquella carnicería. Sabían de los encarcelamientos de la intelligentsia polaca tras la invasión soviética, y que desde la primavera de 1940 nada se sabía de la mayoría de sus componentes. Y tampoco habían olvidado las evasivas mostradas por Stalin en 1941 ante las preguntas sobre los desaparecidos.   

Sikorski, primero por la izquierda, junto a Churchil.

Sikorski, primero por la izquierda, junto a Churchill

La actitud que mantuvieron los británicos a continuación dio vergüenza ajena, pues se propusieron ahogar las protestas de los polacos. El 24 de abril, Churchill escribió a Stalin diciendo que “estoy valorando la posibilidad de silenciar aquellos de cuantos periódicos polacos se publican en este país que atacan al gobierno soviético”, e incluso a Sikorski. También disculpó el hecho de que tanto las autoridades polacas como los alemanes hubiesen coincidido en la necesidad de emprender una investigación. Como si la disculpa fuese necesaria. En cualquier caso, las palabras de Churchill a Stalin ponen de manifiesto el éxito que había tenido la estrategia soviética de atacar a los polacos. El gobierno polaco en el exilio se sorprendió de ver que eran sus integrantes quienes estaban siendo amonestados por protestar ante un crimen que, aparentemente, había cometido uno de sus aliados.

 Creo personalmente que, cuando vieron caer el avión de Sikorski en Gibraltar (en un accidente probablemente provocado por agentes del NKVD con la connivencia británica) todos los mandos aliados respiraron aliviados al ver que no se quebraría su alianza de guerra con los soviéticos. Una alianza extraña, contra natura si queremos decirlo así.

Tribunal de crímenes de guerra de Núremberg

Tribunal de crímenes de guerra de Núremberg

 El remate de todo este despropósito (alianza con un individuo igual o más peligroso que Adolf Hitler) vino dado por los juicios de Nuremberg: en el tribunal había un magistrado soviético, un individuo que representaba a un Estado que había cometido crímenes tan deplorables como los que él debería juzgar. Y lo cierto es que sólo ayudando a los soviéticos se podía vencer a los nazis, pero quizás no habría que haber cedido a todas las exigencias de Stalin y haber supervisado mejor los acuerdos de posguerra y aumentar las exigencias morales a tan incómodo aliado

Acabo de terminar un libro de Nicholson Baker titulado Humo humano; trata sobre los orígenes de la II Guerra Mundial, y lo hace de un modo diferente a otros ensayos. Casi al concluir la lectura de este libro que, cronológicamente acaba en 1941, me topé con un episodio que desconocía por completo y que me ha hecho retomar esta miniserie de entradas acerca de esa victoria tan poco limpia que fue la de los aliados.

El Struma frente a Estambul

El Struma frente a Estambul

Se trata del caso del Struma, un buque cargado de refugiados judíos hundido en el Mar Negro en febrero de 1942. Asustados de los horrores que se perpetraban en Europa Oriental, 769 judíos intentaron huir a Palestina a bordo el Struma. Pero, en vez de encontrar la libertad, encontraron un mundo que no quiso cargar con esta responsabilidad. El 12 de diciembre de 1941, un barco griego con un capitán búlgaro (G.T. Gorbatenko) bajo bandera panameña, salió de Constantina, Rumania, en dirección a Palestina. Los 769 pasajeros habían pagado un precio desorbitado. Les habían dicho que debían navegar a Palestina, con una corta escala programada en Estambul, para tomar sus certificados de inmigración palestinos. Cuando los 769 judíos llegaron para subir a la nave, encontraron un viejo barco de transporte de ganado. El barco estaba decrépito y extremadamente mal equipado para este viaje (tenía solamente un cuarto de baño para todos los pasajeros y no había cocina). Puesto que los pasajeros habían dado todo cuanto poseían para este viaje a la libertad, esperaban que éste fuese breve y sin peligros.

El trayecto a Estambul fue complicado ya que el motor del barco se averió, pero por fin alcanzaron el puerto turco tras tres días de navegación. Allí, las autoridades turcas no permitirían que los pasajeros desembarcaran. En lugar de ello, el Struma fue fondeado a poca distancia de la costa. Mientras trataban de reparar el motor, forzaron a los pasajeros a permanecer a bordo  en un encierro que se prolongó durante varias semanas. En Estambul los pasajeros descubrieron que no había certificados de inmigración para ellos. Habían sido engañados al pagar los pasajes creyendo que éstos incluían dichos certificados. Los británicos, que controlaban Palestina, habían oído hablar del viaje del Struma, y no estaban dispuestos a admitir más refugiados en aquel territorio; alegaban para ello lo dictaminado en el Libro Blanco. Los Británicos temían que, de admitirlos, les siguiesen muchos más buques de refugiados. También, miembros del gobierno británicos utilizaron la excusa a menudo empleada contra los refugiados y los emigrantes, de que podría haber espías enemigos mezclados entre los refugiados. Por ello habían pedido al gobierno turco que evitase que buque atravesase los estrechos. Los turcos se mantenían firmes en no dejar desembarcar a este grupo de personas en territorio turco. Trataron entonces de volver a Rumania, pero el gobierno rumano, aliado de los nazis y bastante antisemita, no permitía este retorno. Mientras tanto, los pasajeros vivían un angustioso encierro  a bordo.

 

Angustiosa espera a bordo del Struma

Angustios espera en la cubierta del Struma

Aun cuando viajar a bordo de un buque decrépito quizás les habría parecido soportable por algunos días, la vida a bordo durante semanas comenzó a causar serios problemas de salud física y mental. No había agua potable a bordo y las provisiones habían sido consumidas hace tiempo. El barco era tan pequeño que no todos los pasajeros podían estar sobre cubierta simultáneamente, tuvieron que organizar turnos para poder abandonar las sofocantes bodegas y tomar aire fresco en cubierta. Los pasajeros seguirían aislados durante diez semanas. Aunque muchos estaban enfermos, sólo se permitió desembarcar a una mujer y sólo porque estaba en un estado de gestación muy avanzado. El gobierno turco entonces anunció que si no había una decisión clara antes del 16 de febrero, enviarían al Struma de nuevo al Mar Negro.

 Cuando se acercaba el final del plazo dado por el gobierno turco, los británicos accedieron a permitir que algunos de los niños entrasen en Palestina. Anunciaron que se permitiría entrar en Palestina a los niños de entre once y dieciséis años. Pero esto era bastante problemático: el plan consistía en que los niños desembarcasen para viajar a través de Turquía para alcanzar Palestina. Desgraciadamente, los turcos seguían siendo rigurosos sobre no admitir a ningún refugiado, por ello no aceptaron el plan británico. Además de esta negativa turca, Alec Walter George Randall, Consejero del Foreign Office británico (Ministerio de Asuntos Exteriores), consideró un problema adicional: aun en el caso de que los turcos aceptasen este plan, ¿quién llevaría a cabo el proceso de selección de los niños y quién los apartaría de sus padres, con el consiguiente desgarro familiar?

El plazo se alargó una semana más. Sin embargo, en la noche del 23 de febrero de 1942, la policía turca subió a bordo e informó a sus pasajeros que debían salir de las aguas jurisdiccionales turcas. Los pasajeros protestaron e incluso manifestaron una cierta resistencia aunque inútilmente.Remolcaron al buque aproximadamente seis millas de la costa (algo más de diez kilómetros) abandonándolo a su suerte. Todas las tentativas de reparar el motor habían fallado. El buque iba a la deriva, a bordo tampoco no tenían agua potable, comida, o combustible. Después de apenas un par de horas a la deriva, estalló el barco. La mayoría de los investigadores creen que un torpedo soviético alcanzó y hundió al Struma. Los turcos no enviaron embarcaciones de salvamento hasta la mañana siguiente, sólo pudieron  rescatar a un superviviente (David Stoliar). Los otros 767 pasajeros fallecieron.

 

El III Ejército USA entra en Buchenwald, abril de 1945

El III Ejército USA entra en Buchenwald, abril de 1945

En días pasados uno de vostros pregutnaba en clase por el papel de España en la II Guerra Mundial. Oficialmente éste fue inexistente o rematadamente marginal. en otro orden de cosas podríamos hablar de la entrevista de Hendaya, de la exportación de materias primas estratégicas a Alemania, de la utilización de puertos españoles como base de avituallamiento de la Kriegsmarine, de la División Azul o de los republicanos españoles que combatieron junto a los aliados, como voluntarios en los ejércitos nacionales o como miembros de las diferentes resistencias.

No podemos olvidar, y creo que es lo más importante de nuestra participación en la II Guerra Mundial, a los españoles internados en campos de concentración y exterminio nazis. Recuerdo ahora al abuelo de una antiguo alumno mío Jorge Pérez Troya, internado en Mauthausen. Sin embargo, si hay un español famoso de los internados en los campos de la muerte éste fue Jorge Semprún, escritor y ex-ministro de cultura en los gobiernos socialistas de Felipe González. Este fin de semana ha publicado un estupendo artículo en el diario El País, un artículo que recupera el levantamiento de los internados en este campo en abril de 1945, pero también recupera el papel de las fuerzas del III Ejército nortemaericano del general Patton en la liberación de dicho campo.

Aquí os lo dejo, que lo disfrutéis.

Bienvenido, presidente

Dos testimonios antes de entrar en materia:

El primero es de Victor Klemperer, filósofo alemán, autor de LTI, judío convertido al protestantismo y habitante de la ciudad de Dresde en 1945:

Sonó una larma a gran escala… Muy pronto oímos el zumbido cada vez más fuerte y profundo de los escuadrones que se acercaban, se fue la luz, una explosión cercana… en algunos grupos se escuchaban llantos y gemidos; aviones que se acercan, un peligro mortal, una explosión… De repente, la ventana del sótano situada en la pared trasera, opuesta a la entrada, se abrió de golpe, y fuera brillaba la luz como si fuera de día… Resplandecían las llamas. El suelo estaba cubierto de cristales rotos. Soplaba un viento terriblemente fuerte”

Dresde 1945

Dresde 1945

El otro testimonio pertenece a una estudiante de esa misma ciudad, una joven que deambulaba por las calles de Dresde con su hermano gemelo, como Klemperer, el 13 de febrero de 1945:

Las llamas lo lamían todo a nuestro alrededor, y de algún modo nos encontramos en la orilla del Elba. Pude ver el fósforo danzando sobre el agua, de modo que para la gente que se arrojaba al río a fin de huir del fuego, no había escapatoria. Había cuerpos por todas partes, y las máscaras de gas que llevaba la gente se habían fundido con sus rostros… Empezamos a buscar un sótano para ocultarnos, pero en todos los sótanos donde mirábamos veíamos a gente que había muerto allí sentada debido a que los incendios habían aspirado el oxígeno y se habían axfisiado.

Al fin alcanzaron el refugio familiar y allí vieron:

Dentro vi un montón de cenizas que tenían la forma de una persona. ¿Sabes cuando pones madera en un horno, y ésta se quema y se pone al rojo, y conserva su forma mientras se consume por dentro, pero en cuanto la tocas se desintegra? Eso es lo que era: la forma de una persona, pero sin que quedara nada de su cuerpo. Yo no sabía quien era, pero luego vi que llevaba pendientes en las orejas. Yo conocía aquellos pendientes: era mi madre”

 Puede parecer extraño que haga un post dedicado a los bombardeos más salvajes llevados a cabo por los aliados y que, sin embargo, no tenga en cuenta los de Hiroshima y Nagasaki. Pero Dresde y Tokio representan el grado de destrucción que se podía alcanzar sin emplear armas nucleares. En estas dos ciudades se empleó la técnica del bombardeo de saturación (carpet bombing)  y una gran cantidad de bombas incendiarias.

Tokio 1945

Tokio 1945

Ambas ciudades sufrieron un grado de destrucción brutal, mayor en el caso de Tokio, donde todas las viviendas tradicionales de madera fueron convertidas en ceniza. En el caso de Dresde aun se mantiene el debate sobre el número real de víctimas que oscila entre las 18.000 y las 35.000; en el caso de Tokio se calcula que fueron unas 100.000 las vícitmas mortales.

Insisto, la guerra había que ganarla, pero creo que descargar la ira sobre la población civil no era el camino indicado, no era la forma correcta. ¿Por qué bombardear a la población civil? En 1920, cuando Churchill era Ministro de la Guerra y el Aire ordenó emplear la potencia aérea, sin duda alguna, para aplastar la revuelta iraquí, sin embargo la mayor conmoción mundial por un bombardeo sobre población civil lo provocó el bombardeo de Guernica en 1937 a manos de la Legión Cóndor alemana. Una vez que Gran Bretaña entró en la II Guerra Mundial fueron los primeros en lanzar sus bombardeos sobre la población civil, de manera que Hitler justificó el bombardeo de Londres como una respuesta a la agresión británica. El 30 de octubre de 1940 Churchill declaraba: “Hay que hacer sentir a la población civil de los alrededores de los objetivos todo el peso de la guerra”.  A lo largo de 1941 el premier británico subrayó reiteradamente que era necesario que la Unidad de Bombarderos atacara la moral de los alemanes normales y corrientes. Es decir, la doctrina del bombardeo sobre población civil es anterior al nombramiento del jefe de la Unidad de Bombarderos, el mariscal del Aire, Arthur Bombardero Harris.

Sir Arthur "Bombardero" Harris

Sir Arthur "Bombardero" Harris

El general Curtis E. LeMay

El general Curtis E. LeMay

Nueve días antes de este nombramiento (el 5 de febrero de 1942) se transmitía por escrito la siguiente orden a la Unidad de Bombarderos: [...] el principal objetivo de sus operaciones debe concentrarse ahora en la moral de la población civil enemiga y, en particular, de los trabajadores industriales” esos ataques debían adoptar la forma de “ataques incendiarios concentrados”. Eso significó que una creciente proporción de los recursos británicos y, posteriormente, estadounidenses se desvió hacia la destrucción de las ciudades alemanas y japonesas, dicho de otro modo, a la matanza de civiles (como demostró el general LeMay al ordenar la incursión sobre Tokio en marzo de 1945). Años antes, el Departamento de Estado Norteamericano había denunciado como “injustificada y contraria a los principios del derecho y del humanitarismo” esa política cuando los japoneses bombardearon, en 1937, las ciudades chinas. Lo que hicieron la RAF británica y la USAAF norteamericana dejó en mantillas todo el daño realizado por la Luftwaffe alemana en Londres.

Vídeo sobre el bombardeo de Dresde

 

Continuamos con la serie iniciada a raíz del tema dedicado a la II Guerra Mundial. Por cierto, lo de “Triunfo poco limpio” no es mío, es de uno de mis historiadores favoritos, Niall Ferguson, del que ya me habéis oido hablar bastante en clase.

En esta ocasión nos ocuparemos de la mayor catástrofe marítima de todos los tiempos. No, no se trata del Titanic. También era una buque de pasajeros, pero se trataba de un buque alemán: el “Wilhelm Gustloff”

El Wilhelm Gustloff, en 1939

El Wilhelm Gustloff, en 1939

El Wilhelm Gustloff, hoy día

El Wilhelm Gustloff, hoy día

 

 

 

 

 

El Wilhelm Gustloff fue un trasatlántico de línea construido en 1937 y asignado a la organización “Kraft durch Freude” (KdF) o “Fuerza de la Alegría un sub grupo del Deutsche Arbeitsfront (DAF) o Frente del Trabajo. El DAF era un organismo encargado de organizar la fuerza laboral alemana en pro del partido nacionalsocialista y el KdF se encargaba de organizar actividades culturales y recreacionales para los trabajadores y eso incluía cruceros de turismo a diversas partes de Alemania y de otros países.

En 1939, este buque participó en la repatriación de los militares de la Legión Cóndor, el grupo de voluntarios de la Luftwaffe (Wehrmacht) que combatió en la Guerra Civil española del lado de los nacionalistas.

La Legión Cóndor desfilando por las calles de Vigo

La Legión Cóndor desfilando por las calles de Vigo

Durante la II Guerra Mundial este buque se empleó como buque hospital en diferentes misiones:Noruega o como base flotante para las tripulaciones de los submarinos (U-Booten) de la Kriegsmarine. En enero de 1945 este buque fue enviado a evacuar al personal que se hallaba en el puerto de Gotenhafen, en el Báltico. En ese puerto se agolpaban decenas de miles de refugiados. En el Gustloff embarcaron hasta 10.000 personas entre civiles y militares. La noche del 30 de enero de 1945, este buque atestado de personas, fue alcanzado por tres torpedos lanzados por el submarino soviético S-13.
Este suceso ha sido obviado prácticamente en toda la historiografía sobre la II Guerra Mundial y sólo muy recientemente algunos escritores, como Günter Grass (A paso de cangrejo, 2002), han recuperado su memoria.
Vídeo sobre la botadura del Wilhelm Gustloff

En condiciones normales la respuesta más clara y evidente es un No rotundo, pero ¿y si las circunstancias dejan de ser normales? Una guerra, por ejemplo, puede alterar por completo la normalidad de nuestras vidas, ¿podríamos, pues, convertirnos en unos monstruos atroces y ser entonces torturadores como Mengele, Alfredo Astiz o Aribert Heim?

¿Nadie recuerda ya Abu Ghraib?

¿Nadie recuerda ya Abu Ghraib?

Yo no tengo la respuesta y, sinceramente, me da miedo sólo pensarlo, pero os aconsejo la lectura de este artículo de Prudencio García, publicado en el diario El País del 28/IV/2009. Ya se que siempre estoy muy pesado con que leáis esto o aquello otro, pero chicos creo que sólo siendo personas informadas podemos alejar esos monstruos que habitan dentro de nuestras personas:

Las leyes democráticas pueden ser imperfectas, pero nos protegen de esa gente ‘normal’ que en circunstancias excepcionales puede convertirse en monstruos. Como le ocurrió al doctor Josef Mengele”

Incógnitos torturadores futuros (artículo completo)

Menudo cartel

Menudo cartel

Ya ha llegado la hora de ver cine de denuncia social, y para eso nadie mejor que Costa Gavras. Esta semana vamos aver una película que encaja más o menos con el temario de la asignatura: Amen. Es una película que gusta y que disgusta por igual, que puede producir angustia, pero que, sobre todo, nosayuda a sacudir nuestras conciencias y a revisar nuestra actitud pasiva ante diversos acontecimientos de nuestra vida diaria.

No hay que ver esta película sólo como una denuncia de la pasividad de la jerarquía de la Iglesia Católica ante el Holocausto, sino como una metáfora de la actitud pasiva en general de los humanos ante la injusticia y la barbarie, ante el crimen y el abuso diario. Espero que así la veáis vostros y espero, de paso, que os guste.

 

Las marcas visibles del hambre

Las marcas visibles del hambre

Vamos con un asunto que se circunscribe dentro del tema que estamos viendo, una de las consecuencias de la Revolución de 1917 y de la consiguiente guerra civil. Durante 17 meses entre 1932 y 1933, millones de personas fueron asesinadas por hambre en Ucrania; el número exacto de víctimas aún no ha podido ser determinado por los historiadores y demógrafos, ni tampoco sus tremendas consecuencias sobre las posteriores generaciones.

Una vez que Stalin ordena la colectivización de las tierras en 1930 se envía a miembros de choque del partido comunista para “ayudar” en la colectivización. El que se oponía era denunciado y deportado. Los impuestos, pagaderos en granos, se aumentaron exageradamente obligando así, a los campesinos, incorporarse a las granjas colectivas donde estos impuestos eran tres veces menores. La colectivización fue una verdadera guerra declarada por el Estado contra el modelo rural y tradicional. Los campesinos, el 82% de la población soviética, fueron obligados a entregar sus bienes y explotaciones a la colectivización, cuyas pautas de producción eran fijadas por las autoridades centrales.

Tras estallar disturbios y revueltas, rápidamente fue enviado el Ejército Rojo para ahogar la rebelión. Paralelamente la policía secreta inició una campaña de terror con el objetivo de romper el ánimo de los kulaks.  Fue un consciente acto terrorista de un sistema político contra gente pacífica, por cuya consecuencia desapareció no solo una numerosa capa de prósperos y libres campesinos-empresarios, sino también varias generaciones de la población rural. Fueron socavadas las bases sociales de la nación, sus tradiciones, su cultura espiritual y autóctona.

La decisión de utilizar el hambre provocándola artificialmente con la voluntad de “dar una lección” a los campesinos fue tomada en el otoño, en un contexto delicado para el Dictador, con la agudización de la crisis provocada por el primer plan quinquenal y el suicidio de su esposa. El 22 de octubre de 1932, son enviadas para Ucrania y para el Cáucaso del Norte dos “comisiones extraordinarias” dirigidas respectivamente por Viacheslav Mólotov y Lázar Kaganóvich con el objetivo de “acelerar las colectas” y teniendo el apoyo de los más altos responsables de la KGB. Simultáneamente, millares de agentes de la policía política y de paramilitares del partido fueron movilizados para paliar la ineficacia de las estructuras comunistas locales y reprimir cualquier acto de sabotaje. Entre Noviembre y Diciembre, más de 27.000 personas fueron detenidas, el 30% fueron dirigentes de las colectivizaciones y pequeños funcionarios rurales, acusados de haber cometido actos de sabotaje durante  la colectivización.

Por orden de Gobierno se prohibía todo tipo de comercio en las aldeas, se impedía el abastecimiento de productos alimenticios, se perseguía y se condenaba a 10 años de prisión y fusilamiento cualquier forma de utilización del pan, para pagar por el trabajo, en las regiones que no haubiesen cumplido con las cuotas establecidas de entrega de granos. Stalin ordenó sistemáticamente aumentos en las cuotas de producción de comida, lo que se llevó a cabo hasta el agotamiento de los suministros en los graneros ucranianos. La cosecha de trigo de 1933 se vendió en el mercado mundial a precios por debajo del mercado para agotarla. Se calcula que la cosecha de 1933 podría haber alimentado durante dos años a la población de Ucrania, llamada el granero de Europa

Stalin llamando a la colectivización

Stalin llamando a la colectivización

Siendo crítica la situación, el Partido Comunista de Ucrania solicitó a Stalin la reducción de las cuotas de comida, nuevamente se envió al Ejército Rojo para reprender al PC ucraniano. La policía secreta siguió siempre aterrorizando a la población realizando inspecciones aleatorias y apropiándose de toda la comida encontrada, considerada propiedad del Estado. El castigo por robar variaba, desde la muerte al envío mínimo de 10 años a un Gulag. Rápidamente se gestó una hambruna masiva y duradera. Durante los peores momentos se calcula que morían unas 25.000 personas cada día en Ucrania. Desde los países de Europa occidental y EE. UU. los emigrantes ucranianos respondieron enviando cargamentos de comida. La ayuda fue requisada por las autoridades soviéticas. Los gobiernos y la prensa occidental ignoraron durante mucho tiempo los informes sobre las hambrunas que periódicamente se escapaban al control soviético.

Portada de un periódico de Chicago relatando la catástrofe

Portada de un periódico de Chicago relatando la catástrofe

Probablemente, tomando en cuenta los resultados del censo poblacional del año 1937, la pérdida de vidas a consecuencias del agotamiento físico total, del tifus, de envenenamientos gastro-intestinales, canibalismo, represiones, suicidios debido al desorden psíquico y colapso social representaba, en el territorio de Ucrania, según las estimaciones más fiables, del orden de una pérdida total de entre 3 y 3,5 millones de personas. Stalin cimentaba su poder sobre la base de millones de cadaveres de sus propios conciudadanos. Esta masacre no era más que el preámbulo de las terribles matanzas que sobrevendrían en el mundo en los siguientes doce años: los campos de exterminio nazis, el frente ruso en la II Guerra Mundial, el bombardeo de DResde por parte de los aliados, la masacre de Nankin por parte de las tropas japonesas… El lado oscuro de los seres humanos se adueñó del globo durante esos años.

Aquí dejo un video elaborado por el Canal 7 de Argentina sobre el Holodomor

Y otro más compuesto con imágenes del Holodomor y con un tema musical en francés alusivo a esta masacre

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